Escuela de Padres y Madres

Durante varios años hemos realizado en el colegio Borja una serie de charlas y reuniones de escuela de padres y madres (sobre todo madres). Han sido reuniones de las que todos y todas guardamos un buen recuerdo, no sólo por lo que han tenido de formación, sino que también por el buen ambiente que se ha vivido en ellas.

La cantidad y variedad de temas que hemos trabajado es bastante notable. Temas de desarrollo evolutivo desde la primera infancia hasta la adolescencia, temas de estilos educativos, de relaciones familiares, de modificación de conducta,… Por tanto, hemos visto las aportaciones de varias ramas de la psicología. Desde la psicología evolutiva y del desarrollo hasta la psicología sistémica. Y desde el paradigma conductual al cognitivo y del procesamiento de la información.

De entre todos estos temas y ramas de la psicología, uno de los más relevantes, desde mi punto de vista, fue el relativo a las aportaciones de la psicología educativa al proceso de enseñanza-aprendizaje. Tratamos de enfocar el rendimiento escolar desde la perspectiva de analizar en qué se basa el éxito escolar. En vez del clásico cómo evitar el fracaso. Aparentemente es el mismo tema. Pero el punto de vista ya se sabe que altera la percepción y que no es lo mismo la botella medio llena que medio vacía…

Psicología educativa al proceso de enseñanza-aprendizaje

El análisis se centró en plantear qué diferencia al estudiante y a la estudiante exitosos de los que no lo son. Qué cualidades, pensamientos, hábitos, etc correlacionan con el buen rendimiento escolar. Y también, por supuesto, cómo los podemos potenciar en nuestros hijos e hijas.

Una primera reflexión conduce a identificar en el/la  “buena estudiante”, ciertas cualidades como la constancia, el esfuerzo, la organización, la atención en clase, etc. Sin duda son conductas observables que apreciamos en quienes consiguen un rendimiento alto en los estudios. Pero éstas variables/conductas no son suficientes para explicar el alto rendimiento que no consiguen alcanzar los resultados que otros sí alcanzan con menor dosis de estas cualidades. De hecho, y arriesgando a simplificar las cosas, podríamos decir que son como los  “síntomas” visibles. Pero no las causas primeras del éxito académico.

Otra cualidad que solemos identificar con el éxito escolar es la capacidad intelectual. Y, admitiendo que que una muy baja capacidad es un gran obstáculo, tampoco se sostiene la identificación. Todos los profesores nos hemos encontrado con alumnado con gran capacidad, e incluso con muy altas capacidades, que no han conseguido el rendimiento que se esperaba de acuerdo con su(s) inteligencia(s).

También la motivación, como factor o determinante que incita a la acción, podría explicar los buenos resultados académicos. Es cierto en parte, pero nuevamente encontramos objeciones. Ni a todo el alumnado les motiva lo mismo, ni todos los motivos son perdurables, ni lícitos…

Las técnicas de estudio, son otra de las posibles causas del éxito o fracaso escolar. A este argumento es difícil enfrentarse, puesto que es también cierto. La experiencia nos dice que gran parte del alumnado conoce cuáles son las estrategias adecuadas para estudiar y las técnicas más adecuadas. Simplemente no las pone en práctica a la hora de estudiar, o lo hace de forma ocasional y no advierte mejora en su rendimiento.

escuela de padres y madres - Colegio Borja

Qué podemos encontrar entonces de diferente y determinante en el rendimiento escolar

Sin ánimo de ser exhaustivo, se pueden dar unas pinceladas al tema. Cito brevemente tres ideas:

1.- El estudio es una actividad propositiva.

¿Qué nos proponemos cuando estudiamos? Cuando nos enfrentamos al estudio podemos proponernos simplemente memorizar datos o mecanizar procesos, reproduciendo y repitiendo… seguramente que nos hayamos propuesto aprobar o incluso no suspender. Sin embargo, si nuestro propósito no es reproductivo, sino, digamos, productivo, intentaremos entender las relaciones entre las ideas, aumentar los conocimientos, indagar en un tema interesante,… Del propósito del estudio va a depender entre otras cosas utilizar y perfeccionar la forma de estudiar, las estrategias y las técnicas de estudio.

2.- Estudiar parte de la auto-motivación.

Descartamos las motivaciones externas (premios, economía de fichas, evitar castigos,…) aunque en las primeras edades pueda servir de iniciación. Consideramos tres partes en la motivación: razones -metas-, creencias -ideas sobre sí mismo- y emociones -componente afectivo-.

Sobre las metas, diferenciamos entre metas de:

  • aprendizaje centradas en el dominio de la tarea y el desarrollo de la competencia
  • rendimiento, focalizadas en el logro de la competencia en relación a otros
  • evitación, centradas en evitar la incompetencia en relación a otros.

De las creencias, únicamente señalar aquí que si el / la estudiante se percibe a sí mismo como capaz, se enfrentará al estudio con el ánimo de resolver los problemas que le surjan. Y al contrario si se percibe como no eficaz.

Las emociones y sentimientos relacionados con el estudio son también determinantes. Tanto lo que surgen de los resultados obtenidos, como a lo que se relacionan con la atribución de las causas a motivos externos o externos.  

Factores tan importantes como el procesamiento (superficial o profundo) de la información, la  organización del estudio o la persistencia en el esfuerzo, van a ser diferentes según las metas, creencias y emociones  que nos propongamos, percibamos y sintamos. Y esto sí determina el éxito académico.

3.- El estudio es una actividad autorregulada.

Debería resultarnos obvio que estudiar es una actividad que nadie puede hacer por otro. La responsabilidad y la habilidad para aprender son propias y exclusivas del estudiante y de la estudiante. Conocer y regular los mecanismos del aprendizaje son condición indispensable para un rendimiento óptimo. A conocer la forma en que se aprende, se le denomina “meta-cognición”. La autorregulación se refiere a dominar, en el sentido de dirigir, el proceso de aprendizaje, desde su planificación, auto-controlar y regular el trabajo, elegir y modificar las estrategias, etc.

 

Consecuencias para nuestra función de padres y madres

Citadas brevemente estas ideas, podemos extraer ciertas consecuencias para nuestra función de padres y madres. Por ejemplo la importancia de interesarnos por sus metas en el estudio. También por sus sentimientos, esperanzas y temores, por sus problemas para alcanzar ciertas competencias o a aprender ciertos conocimiento. Es importante hacerles ver que tienen muchas y valiosas capacidades. Hacerles sentirse orgullosos de las metas alcanzadas, y vivir como un reto personal las que aún no se han conseguido.

escuela de padres y madres - Colegio Borja

Nuestras charlas – Escuela de padres y madres

Lo realmente enriquecedor de las charlas (escuela de padres y madres), no ha sido los temas que hemos ido tratando. Ha sido el diálogo y la participación. Compartir experiencias, intentar aplicar lo aprendido y poner en común los pequeños o grandes avances conseguidos.

 

Javier García Ferrer

Orientador. Psicólogo

2018-07-17T11:22:17+00:00